El miedo: conquistar es la cuestión

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Alguna vez te has preguntado ¿a qué le temes? La vida en sus diferentes etapas nos presenta diferentes tipos de miedos, eso es una realidad. Pero vale la pena cuestionarse regularmente qué nos genera temor y entender el porqué le tememos. Este es el primer paso para conquistarlo.

Cuando somos niños algunos tememos a la oscuridad, vamos creciendo y los miedos se hacen más complejos: a la muerte, a la soledad, al olvido, etc. En mi caso, el olvido sería el mayor de mis miedos, definitivamente.

Y es que no se trata de no temer, el miedo es necesario, es ese contrapeso a la certeza absoluta, la permanente teoría del bien y el mal, la alegría y la tristeza, el amor y el desamor, entre tantos otros ejemplos.

El miedo te recuerda que estás vivo(a), que eres un ser de carne y hueso que siente y especialmente despierta en cada uno de nosotros el sentido de supervivencia. Es esa alarma que te dice “¡Ojo! Es momento de actuar”. Así que la siguiente pregunta luego de identificar ese temor y el porqué le temes es… ¿Qué haces con tus miedos?.

Casi podría decirse que es incontrolable, el problema, como todo absolutamente en la vida, es qué hacemos con ese miedo. Mandela dijo: “El hombre valiente no es aquel que no siente miedo, sino el que conquista ese miedo”. 

Cuando estaba en mi pre adolescencia le temía al rechazo, era muy tímido; las vueltas de la vida me llevaron a un colegio en donde tu supervivencia dependía de qué tan seguro eras y ese fue el camino para vencerlo. Cuando estaba adolescente le temía a la muerte, a mis 21 años infortunadamente tuve que verla de cerca y hoy a mis 37 años la entiendo perfectamente así que ya fue conquistado.

Así que como lo dije antes por estos días mi mayor miedo se llama olvido, pasar por el mundo sin dejar una huella; ¿pero cómo vas a dejar huella en un mundo tan grande con más de 8000 millones de habitantes?, la cuestión va mucho más allá, no es un mundo, son más de 8000 millones de mundos, el tuyo y el mío. Así que quiero dejar huella en el tuyo.

Gracias por leerme. #LoveLife

@DiegoAreiza

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Sin ti y sin mí

En la vida sin ti y sin mí somos más normales que nunca, más mortales que siempre y más callados que de costumbre.

En la vida sin ti y sin mí somos más tranquilos  también, estamos más solos, más independientes pero también más ausentes.

En la vida sin ti y sin mí no tenemos tantas preocupaciones, somos más simples y al parecer menos interesantes.

En la vida sin ti y sin mí podemos ser felices aunque los atardeceres no tienen el mismo significado.

Mejor contigo y conmigo.

Dejar ir

GRACIAS

Una de las decisiones más difíciles que hay en la vida es la de dejar ir a alguien por quién hay o hubo sentimientos de cariño o amor de por medio. Soltar puede ser demasiado complejo, para algunas personas puede sentirse como renunciar a un sueño y a la ilusión que se construyó en el camino. Definitivamente, nada sencillo de asumir.

Pero es más difícil aún si existe orgullo. Y orgullo hay de varios tipos: está el orgullo por esa necesidad infantil de sentir que siempre se tiene la razón; también hay orgullo porque se siente tal nivel de perfección que el fracaso es un imposible y, entre muchos otros tipos, está la clase de orgullo que jamás permite aceptar los errores cometidos con tal de no sentirse “menos” que la otra persona. Basta con estos ejemplos para entender que el orgullo es completamente inútil.

Cuando se decide construir junto a una persona, no se trata de quién es más o menos que el otro, quién da más o menos que el otro, quién sufre más o menos que el otro y mucho menos quién siente más o menos que el otro. Una relación debe entenderse como una decisión de felicidad mientras se disfruta el camino y se comparte con cariño esto que llamamos vida. Y por supuesto, entender que se trata de una decisión que puede terminar algún día.

Entender que es posible que nuestras decisiones tengan final, no es nada distinto a aceptar que el amor y el desamor son sentimientos distintos pero que son uno sólo. Como el bien y el mal, la compañía y la soledad, la luz y la oscuridad, la alegría y la tristeza, etc. En definitiva, no es posible valorar lo uno sin la existencia de lo otro. Y ese final, no tiene porque ser un desastre.

Creo que con los años se aprende a aceptar que no todas se ganan, que no siempre tenemos la razón, que no somos ajenos al fracaso y que reconocer que nos equivocamos tan sólo nos hace más humanos y en particular, más tranquilos con nosotros mismos.

Decir adiós y dejar ir no tiene porqué ser trágico. Como @CallMeLess lo dice en su entrada “Cuando vayas a dejar”:

Cuando vayas a dejar, sé justo; que el dolor no te domine. Los hechos no cambian nuestro sentir. Sé objetivo, sé humilde, sé agradecido. No tenés porqué fingir que no sentís más nada por el otro solamente porque estás decidiendo apartarlo de tu lado”.

Por eso cuando vayas a dejar ir, da las gracias primero y luego sí di adiós.

Mindfulness of others: ¿qué es?

Mucho se habla hoy en día del Mindfulness o Atención plena (como se ha traducido al español), y es que aunque se trata de una técnica de meditación de origen budista de siglos atrás, que llamó la atención del mundo occidental apenas en los años 70’s, ha sido validada por la neurociencia como una técnica válida para resolver algunos males de nuestra época, tan graves como el mismo stress.

Básicamente, Mindfulness o Atención Plena es una práctica aplicada de meditación o escucha consciente del presente, que permite a quienes logran alcanzar dicho estado recuperar el equilibrio y dirigir el foco de atención efectivamente, haciendo un verdadero balance entre lo que se siente, lo que se piensa y lo que se hace. En resumen, una técnica que permite ser más coherentes en un mundo en el que las distracciones cada vez son mayores.

Interesante, ¿no?. Sin embargo, hace algunos días encontré una explicación de la cultura japonesa, en la que se asegura que el éxito de esa nación en todos los aspectos radica en lo que ellos mismos llaman “Mindfulness of others”. El tema atrajo por completo toda mi atención y por eso he querido abordarlo y compartirlo con ustedes.

Hablemos de Japón, un país con 128 millones de habitantes que con referencia a su territorio lo hacen ser considerado como la nación más poblada del mundo, la tercera mayor economía a nivel mundial solamente superado por Estados Unidos y China; un archipiélago con 6.852 islas y con la capital más metropolitana del mundo: Tokyo con 30 millones de residentes. Todos datos muy impresionantes pero lo que más llama la atención es que es el país con la segunda menor tasa de homicidios y la menor tasa de violencia entre los países desarrollados, un país con uno de los más altos índices de esperanza de vida y con la tercera  menor mortalidad infantil del mundo según las Naciones Unidas.

Tan sólo para hacer una comparación con los hechos de violencia ocurridos en Estados Unidos durante los últimos días, en Japón las muertes violentas por armas de fuego son anualmente menores a 9, mientras en que en Estados Unidos equivalen en promedio a 33.000, incluyendo miles de estudiantes de las escuelas.

Su éxito: una combinación entre el aprendizaje de un pasado marcado por guerras y muerte, el establecimiento de leyes severas y efectivas y la creación de una cultura del respeto basada en el mindfulness of others.

Mindfulness of others es simplemente conciencia plena de que no estamos solos en el mundo, que convivimos con otras personas y que por ende debemos tratarlas como queremos que nos traten, con respeto, atención, sin que traspasen mis límites.

Basta con ver escenas típicas como el metro de Tokyo, las personas hacen fila para abordar y bajar del mismo, en las escaleras eléctricas quienes no llevan afán se hacen a la derecha para que quien si tiene afán pueda pasar, en los restaurantes sirven con una reverencia y las calles son limpias porque las personas respetan el espacio de los demás. No hay robos en las calles, las motos se dejan parqueadas con las llaves pegadas, las bicicletas sin seguro, los teléfonos y laptops en la mesa de un café mientras vas al baño, y nadie, absolutamente nadie toma nada.

Tal como se puede ver en este video: https://youtu.be/loX7kUmIIIg

La cultura del respeto o Mindfulness of others basa el actuar de sus ciudadanos en la edificación de una conciencia colectiva que predomina sobre la individual, en la atención plena de los otros, de sus necesidades, derechos y deberes. En entender que en un mundo cada vez más poblado y caótico, hacer las cosas bien no solamente es posible sino que además permite vivir bien.

Cuánto camino por aprender tenemos en Latinoamérica, y no es cuestión de gobiernos, ideologías y mucho menos de partidos políticos, es un asunto a asumir por parte de todos, tú y yo.

#LoveLife by @DiegoAreiza