Comunicación política y culto al ego


En una era en la que el ciudadano no cree todo lo que ve, en la que exige información oportuna y además participa activamente, la comunicación política debe aportarle a los procesos de comunidad y evitar caer en el egocentrismo del gobernante de turno. 

Pareciera que en la era de la información, la rápida difusión de la gestión pública a través de las redes sociales, hubiera modificado los paradigmas de la comunicación política. El “yoismo” ha acabado por dominar la estrategia comunicativa de los gobernantes. 

Observemos al candidato millonario Donald Trump, los argumentos de su campaña básicamente son dos: todo el mundo es corrupto y él es la salvación. Cómo lo logrará, ni idea porque su argumentación se basa en la división, la agresión y hasta la discriminación de las que él considera como minorías. 


Y cómo no recordar al fallecido Chávez, toda su gestión fue difundida con un sólo propósito: convertirlo en un icono de la izquierda latinoamericana. Chávez hizo, Chávez logró, Chávez esto y aquello. No hay mucha diferencia con el caso anterior a pesar de la gran distancia ideológica entre los dos personajes. 

¿Pero por qué sucede esto? Básicamente por dos razones: la primera relacionada con la creencia equivocada de que el ciudadano común es ignorante. Y la segunda, consecuente con la errada idea de que la gestión pública se mide con la misma vara que la favorabilidad del político de turno. Nada más alejado de la verdad.

¿De quién es la culpa? De nosotros, los asesores de comunicación e imagen que olvidamos que la buena gestión se “vende sola” y que cuando las cosas se hacen bien, no es necesario titular un comunicado de prensa con el nombre del mandatario, sino con el logro de la gestión; y mucho menos que la medición de una buena gestión de la comunicación se mida con la cantidad de veces que los medios hablen del político. 

Hay casos positivos, muy pocos, que priorizan los procesos sobre el ego, un buen ejemplo es la actual Alcaldía de Medellín. Un mandatario preocupado por su gestión y una estrategia comunicativa que a su vez da mayor relevancia, aunque no siempre, al resultado sobre el gestor. 


Se trata de construir espacios de diálogo que aporten al concepto de comunidad y sin dejar de lado la gobernabilidad. De pensar en cómo difundir lo que se logra y su apropiación por parte de la ciudadanía; no en la figura de un personaje. Se trata, en esencia, de respetar al jefe natural de la gestión pública: la gente. 

Personalmente, hago la reflexión como un llamado a recuperar la esencia de la comunicación como un proceso que construye. Tuve el infortunio de trabajar para una estrategia de comunicación enfocada a alimentar el ego de alguien y aprendí que no puedo soportarlo. 

Me rehuso a ser un instrumento que construye figuras, en mi paso por nuestra disciplina, la comunicación, no cabe premisa diferente a la de crear procesos que beneficien a la comunidad, al planeta o a las causas en las que decidí creer. 
@DiegoAreiza

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